Ateistas y Milagros

October 11, 2013
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Ateistas y Milagros

Atheists and Miracles

 

Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo *corazón.  Jeremías 29:13

 

Alguien dijo una vez que existen dos tipos de ateos: los ateos ordinarios y los ateos tercos. No tengo duda que existen algunos que filosóficamente son ateos, pero también estoy convencido que la mayoría de aquellos que se describen a ellos mismos como ateos, solamente exhiben un estilo de vida de ateos.  Viven una vida cómoda, sin tener que rendir cuentas a nadie, no reconocen las leyes morales y espirituales del Todopoderoso.

Ese fue el caso de un hombre joven que encontré una vez y quien se identificaba como ateo.  Mientras comenzamos a dialogar sobre la creación y las leyes de causa y efecto, finalmente admitió y dijo: “Bueno, no puedo vivir la clase de vida que quiero vivir y al mismo tiempo creer en Dios”.

Pero el rehusar reconocer Su existencia no hace que Dios desaparezca. Sería como negar la existencia del sol cuando hay días nublados o leer el manual de operación de un pequeño aeroplano que dice: “Cuando usted esté a 400 pies del suelo, prenda las luces de aterrizaje. Si no le gusta lo que ve, entonces apáguelas”.

Sospecho que apagar las luches es lo que los ateos que viven ese estilo de vida están haciendo hoy, pero ignorando a Dios, viviendo como si no hubiera un rendimiento de cuentas o responsabilidad con otros a los que pueden hacer daño, tampoco elimina Su presencia ni evita que un día  rindan  cuentas.  Dios hará rindamos cuentas un día.  De eso puede estar seguro.  Sospecho que muchos que se describen a sí mismo como ateos, tendrán un cambio radical de postura cuando deban confrontarse con la penosa realidad de vivir en un mundo caído.

Si realmente quiere aprender más sobre Dios, vaya a la fuente, lea la Biblia, comenzando por el Evangelio de Juan. Hace mucho, Dios dio una promesa. El dijo: Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo *corazón”. Esto todavía es verdad. Los ateos con demasiada frecuencia buscan a Dios como un ladrón busca a un policía, pero Dios todavía está allí.  El está cerca de aquel que tiene un corazón sincero que clama: “Señor, muéstrate a sí mismo”.  Es la actitud que hace la diferencia.

Lectura: Juan 1