El Choque de Culturas, 3

October 8, 2013
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El Choque de Culturas, 3

The Clash of Cultures, 3

Y Josué les dijo una vez más: “Ustedes son testigos contra ustedes mismos de que han decidido servir al Señor. Sí, sí lo somos —respondió toda la asamblea”.  Josué 24:22

Con frecuencia los antropólogos consideran a la cultura como un baluarte sacrosanto que nunca debería ser cuestionada o cambiada; pero cuando la cultura produce ignorancia, temor,  superstición, sufrimiento humano y atenta contra la misma existencia de la familia, a nombre de Dios, la cultura debe ser desafiada.  Cuando Dios condena practicas que son aceptadas por la cultura, los hijos de Dios deben trazar una línea y decir: “Esto no es correcto, sin importar la aceptación que esa practica tenga en la sociedad”!

Entiendo que aun su cultura puede ser diferente a la de otro oyente en otra parte del mundo; no obstante existen hoy algunas fuerzas que parecen estar impactando a las familias de todo el mundo. Desde la terminación de la Segunda Guerra mundial, tres fuerzas poderosas han impactado la cultura mundial.  Permítame presentarlas: 1) Obsesión por el sexo; 2) Materialismo que ha producido una sed apasionada por las cosas materiales, y 3) Énfasis egoísta de obtener gratificación personal, o un énfasis en el individuo en vez del grupo.

El difunto Dr. Pitirim Sorokin, presidente del Departamento de Sociología de Harvard escribió: “Nuestra civilización se ha preocupado tanto con el sexo que se lo encuentra en cada poro de la vida nacional.  Es como una ola creciente que nos rodea y que permea cada sección de la sociedad”.

¿Nos hemos obsesionado con el materialismo al punto de ignorar la importancia de la gente?  La exhibición de objetos que llenan nuestros hogares no tiene fin.  Mientras más tiene, más quiere y mientras más quiere, más se esfuerza por obtenerlo.

¿Ha cambiado nuestra cultura el énfasis del grupo al individuo que demanda satisfacción personal y gratificación?  ¿La mentalidad del “yo primero” se ha apoderado de nuestra sociedad actual?  Pregunte a su pastor  cuántas posiciones en su iglesia no se han llenado.  Pregunte cuán fácil es conseguir voluntarios. No le tomará mucho darse cuenta que nuestra cultura demanda gratificación instantánea, felicidad absoluta y poco involucramiento de nuestras vidas en otras personas.  El culto del “yo primero” es abrumador.

Lectura: Josué 24: 1-27

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