EL PROBLEMA CON EL MUNDO

December 27, 2013
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December 27

EL PROBLEMA CON EL MUNDO

The Trouble with the World

 

Vengan, pongamos las cosas en claro dice el Señor.  ¿Son sus pecados como escarlata?  ¡Quedarán blancos como la nieve! ¿Son rojos como la púrpura? ¡Quedarán como la lana! Isaías 1:18.

Evitar asumir responsabilidad no es algo nuevo. En el Jardín del Edén, Adán no aceptó su responsabilidad, y con su dedo  acusó a Eva cuando dijo “Ella me dio a comer del fruto”.  Pero las esposas también culpan a los esposos.  Los esposos culpan a sus jefes, y así todos terminamos colocando la culpa de nuestros errores en alguien más.

Isaías dijo: “Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el Señor hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros”. (Isaías 53:6).  Pablo, el teólogo del Nuevo testamento, no desperdició palabras explicando por qué no podemos evitar hacer lo que hacemos aduciendo que es culpa de la sociedad, o de la ausencia de una buena familia, o cualquier otra cosa.  El simplemente dijo: “Porque todos hemos pecado y estamos separados de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). “Todos” es un término bastante inclusivo.

¿Por qué es correcto reconocer que hemos errado?  Porque solamente cuando una persona reconocer sus fallas y pecado, existe esperanza que esa persona puede ser perdonada y restaurada.  El reconocer la responsabilidad es la clave para ser diferentes personas.

La Biblia dice: “Vengan, pongamos las cosas en claro dice el SEÑOR. ¿Son sus pecados como escarlata? ¡Quedarán blancos como la nieve! ¿Son rojos como la púrpura? ¡Quedarán como la lana”! (Isaías 1:18).  El reconocer y admitir que está errado es la clave para rectificar.  Dios nunca perdona a una persona que rehúsa admitir sus equivocaciones.

El asunto de rendimiento de cuentas personal no solamente tiene que ver con lo que está mal con la sociedad, tiene que ver también con la situación familiar.  Si está en una relación que se está desintegrando, intente decir: “¿Lo que está mal en nuestra relación es mi persona y quiero que me perdones por lo que he hecho”.  Esa es la clave para cambiar las cosas con Dios, con nuestra pareja y con nuestro prójimo.

Hay una cosa más que debe decirse y es muy poderosa. Luego de nuestra confesión, viene el perdón de Dios y su ayuda y fortaleza para controlar la situación que antes nos  controlaba.  Es la promesa de la Biblia que dice: “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad”. (1 Juan 1:9).  Con esa limpieza viene sanidad e integridad.

Lectura: 1 Juan 1