MIREN A LA MUJER CON LOS NIÑOS

December 26, 2013

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December 26

MIREN A LA MUJER CON LOS NIÑOS

Watch that Lady with the Kids

 

Así Dios nos ha entregado sus preciosas y magníficas promesas para que ustedes, luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo debido a los malos deseos, lleguen a tener parte en la naturaleza divina.  2 Pedro 1:4

Sí, este es el día en el que la época navideña empieza a desvanecerse, el primer lunes después de Navidad. Muchos ansían que llegue Navidad, pero no les gusta la parte de guardar todos los adornos navideños. Tanto esfuerzo, solo para empacar todo y guardarlo para el próximo año.  ¿Por qué no podemos dejar las decoraciones hasta febrero?  No, de ninguna manera, todo tiene que guardarse hasta el Año Nuevo.

El gozo de la Navidad se torna pronto en la vida monótona post Navidad.  En pocos días las cosas se normalizan, y eso es exactamente el problema.  Pero lo normal no funciona.

Pablo describe esto como nuestra vieja naturaleza, y fue la manifestación de este comportamiento humano que creó la necesidad de la Navidad hace mucho tiempo atrás. Ningún otro libro del Antiguo Testamento está más conectado con la Navidad que el libro de Isaías.  Este profeta tenía todo en mente 700 años antes del evento.  El profeta escribió: “Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el Señor hizo recaer sobre él   la iniquidad de todos nosotros”.   (Isaías 53:6).  El hombre verdadero no es aquel que exhibe su mejor comportamiento y se restringe a sí mismo, esforzándose para ser bueno, amable, justo, sino el que hace lo imposible para llegar primero al único lugar disponible en el parqueadero. Debemos admitirlo, El verdadero usted, no es un individuo muy piadoso.

El mensaje de los ángeles en Belén fue: “Un Salvador ha nacido, quien es Cristo, el Señor”. Dios le reveló a José que el hijo que nacería se llamaría Jesús “porque salvará a su pueblo de sus pecados”.  (Mateo 1:21).  Existe esperanza aun después de Navidad en la naturaleza redentora del Evangelio que puede cambiar el corazón y cuando el corazón cambia, también el comportamiento.

Mientras más le entrego a Dios, más mi naturaleza cambiará.  Pedro, quien conocía el egoísmo y el enojo, escribió que mientras compartimos la naturaleza de Cristo, nuestra vieja naturaleza cambia.  Es así como lo expresó:  “Así Dios nos ha entregado sus preciosas y magníficas promesas para que ustedes, luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo debido a los malos deseos, lleguen a tener parte en la naturaleza divina”. (2 Pedro 1: 4)  Esta es la única respuesta.

Lectura: 2 Pedro 1