04 Hunyo 2012
Running the Race
Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Hebreos 12:1
En 1 Corintios 9:25 Pablo se refiere a los deportistas que se entrenan con mucha disciplina. La necesidad de la disciplina en un deportista se ve reflejada en el viejo refrán que dice, “Sin dolor, no hay ganancia.” No cabe duda que es necesario pasar por largas horas de entrenamiento, sufrir dificultades, entrenar día tras día y así estar listo para cuando llegue el día de la competencia.
Usando la misma analogía, el escritor a los Hebreos dice, “Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante.” (Hebreos 12:1).
Los atletas en la actualidad todavía usan algunas técnicas básicas de entrenamiento de los antiguos griegos. Para fortalecer sus músculos ellos llevaban cargas pesadas con sus brazos o se las ataban a sus piernas, pero cuando llegaba el día de la competencia, se despojaban de todo lo que no era esencial.
Tanto Pablo como el escritor del libro a los Hebreos asemejan nuestro caminar en la vida con Cristo con la carrera de un atleta. Tiene un punto de inicio que es la conversión, y un término, cuando llegamos a la presencia del Señor. En este contexto, el escritor dice que uno debe deshacerse de dos cosas, del lastre que nos estorba y del pecado que no nos permite triunfar.
Y cómo lo hacemos? Primero, decidiendo que cualquier cosa que le estorbe, debe desaparecer. Jesús dijo que no podemos servir a dos señores. Si Jesucristo es el que dice ser, entonces sírvale solamente a Él con todo su corazón.
Luego confiese y abandone lo que la Biblia llama pecado. La promesa de Dios todavía sigue en efecto. “Si confesamos nuestros pecados, Dios que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.” (1Juan 1:9).
Mantenga sus ojos en Cristo, renueve su determinación de seguirle a El y sea constante. Así llegará a la meta y alcanzará la victoria.
Basado en 1 Corintios 9:24-27