17 Septiembre 2012
Accepting Responsibility for Your Children
¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida? Marcos 8:36
En algunas naciones, se festeja el día del padre un domingo del mes de junio. Claro que los padres creen que es una excelente idea. No obstante, a veces esto resulta una parodia porque es obvio que el fracaso de algunos padres en la actualidad es una peste social. El debilitamiento de los hombres comenzó hace una generación, cuando el movimiento feminista empezó a decirnos que el ser padres no tiene género, que es mucho mejor estar solteros que casados. Que la condición de estar casado no es una condición ideal.
Muchos hombres, no obstante, no pueden culpar a las feministas por sus errores. Ellos solo tienen que culparse a sí mismos porque estuvieron demasiado ocupados, logrando éxitos en sus empresas, o esforzándose por probarse a sí mismos, o meditando mucho, pensando que esto les traerá una buena vida.
Jesús dijo: ¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida”? (Marcos 8:36). Pero hoy yo pienso que él diría: “De qué le vale a un hombre si gana la presidencia de la empresa y pierde su familia en el proceso”?
El éxito, el tipo que le da una membresía en un club, junto con el auto y el estatus, vale realmente el precio que se paga? ¿Y cómo están los hombres enfrentando el éxito? En esto se resume todo: El hogar y la familia queda en un segundo plano para el ejecutivo de una corporación. Los ejecutivos típicamente trabajan de sesenta a setenta horas cada semana, viajan de seis a diez días cada mes y renuncian a sus fines de semana por reuniones de negocio”.
Habiendo llegado a la cima, dos de cada tres ejecutivos dijeron que estaban convencidos que las presiones eran más grandes y que el precio que pagaron sus familias era más severo que cuando ocupaban mandos medios.
“Querido papá, por favor danos de ti, danos más atención. Enséñanos el camino recorriendo primero el camino, escúchanos y danos tu guía siendo el hombre de Dios, de modo que podamos entender quiénes somos y quién es Dios”, ora un niño.
Toda esa experiencia de ser un padre pasa tan rápido que uno mira atrás y pregunta: “¿Dónde estuve cuando mi hijo creció”? No hay segundas oportunidades, solamente recuerdos. Las mejores intenciones nunca serán suficientes para compensar las oportunidades perdidas. Enfrente sus desafíos y nunca se arrepentirá.
Lectura: Proverbios 3